Jean-Philippe Collard-Neven
Pianista clásico y jazz, compositor, improvisador
 
 
       
 
Retrato
Joven prodigio
En concierto con ocasión de Ars Musica, el joven Jean-Philippe Collard-Neven se impone como un pianista superdotado.
Un hermoso descubrimiento



Retrato

En concierto en Ars Musica, el joven músico superdotado levanta las barreras y se impone naturalmente
Collard-Neven, “total music”
ENTREVISTA POR MARTINE D. MERGEAY

Estos últimos años, algunos se habrán sobresaltado quizás al enterarse de Jean-Philippe Collard tocaba como solista en el Conjunto Musiques Nouvelles, firmaba una música de película, participaba a una gira del Coro de Cámara de Namur. ¿Tratábase efectivamente del famoso pianista francés, antiguo alumno de Pierre Sancan y Caballero de la Legión de Honor (entre otros gloriosos títulos)? Pues no, justamente. Y éste último estuvo a punto de envidiar la presencia cada vez más destacada de un brillante homónimo, y en su propio terreno. De común acuerdo (ciertamente luego de algunos intercambios jurídicos), se decidió que Jean-Philippe Collard “el joven” cambiaría su nombre: “¡Nadie imagina lo complicado que es en el plano administrativo, y penoso en el plano de la identidad! Cambiar mi nombre habría sido realmente imposible, por lo que elegí entonces agregar el de mi madre. Jean-Philippe Collard-Neven, es un poco largo, pero suena bien...
Es el comienzo de una entrevista que se irá revelando densa... Delgado y nervioso, el joven sonríe detrás de sus anteojos, y lucha contra un resfrío pernicioso sin perder el hilo de sus ideas, que tiene muy claras. La expresión es sensible, precisa, sin floritura.

AL COMIENZO FUE LA OREJA

Nos enteramos así que Jean-Philippe nació en Haccourt, cerca de Visé, en la provincia de Lieja, hace treinta años, en una familia no de músicos, sino que de docentes. Su padre era profesor de historia, su madre enseña todavía francés y literatura, y dirige el Liceo de Visé, donde Jean-Philippe realizó sus estudios secundarios. “Mis padres eran literatos, su biblioteca era un tesoro inagotable que yo saqueaba concienzudamente. No había discos clásicos (salvo uno, de... ¡Jean-Philippe Collard, que me había regalado mi abuela cuando niño!) y no íbamos a conciertos. Pero mi padre tocaba piano e improvisaba en el estilo jazz: esta presencia de la música viva en el ambiente familiar fue determinante, no solamente en mi gusto por la música, sino que también en el modo en que abordé su estudio.” Desde muy niño, Jean-Philippe se apasiona por la música de películas. “Quise de inmediato ser compositor y, ya que era el estilo familiar, tocaba “jazz” e improvisaba infinitamente... Esta costumbre me perturbó cuando empecé a aprender música “de veras” en la academia. La frontera entre lo que estaba escrito y lo que no, permaneció borrosa por mucho tiempo para mí, cada pieza me inspiraba para otras hechas a mi manera. Fue un milagro haber empezado de oído, a través de la imitación, sin partitura.” A los siete años, Jean-Philippe ingresa a la academia de Visé, la ciudad vecina, donde proseguirá toda su enseñanza, escolar y musical, una formación clásica, donde se perfila como un (muy) buen alumno en el liceo, y obtiene sin dificultades, a los 17 años, su medalla de la academia. “Todo me parecía normal, pero, a posteriori, puedo dimensionar que mi posición no era ideal. Por supuesto, todos estaban orgullosos de mí, pero sin embargo, nunca me había confrontado realmente con músicos de nivel profesional, ni tampoco a esa estimulación que me hubiera procurado un contexto más exigente, más comprometido en el campo musical. Por otra parte, yo estaba siendo devorado por mi pasión por la música, por la armonía, por la comprensión interior de la materia musical, esta pasión pasaba por sobre todo y, fatalmente, me alejaba de los demás. Al mismo tiempo, quería vivir una adolescencia normal, con amigos, amores, salidas. En los hechos, muchas veces me encontré solo, presa de una masa de emociones.”

LA IMPRESIÓN DE PERDERLO TODO

A los dieciocho años, Jean-Philippe debe hacer una elección: la opción “latín, matemáticas, lenguas” que siguió en la secundaria le abre todas las posibilidades, pero él sabe desde siempre que será músico. Se inscribe en el Conservatorio de Lieja y, siguiendo el buen consejo de Charles Ernst, su director de academia, toma la opción de la clase de piano de Juliette Poumay-Longrée. “Lo que me sorprende aun hoy, es que no haya elegido la composición sino el piano... Aunque la idea de enviarme donde la Señora Poumay-Longrée era excelente, fue un periodo cruel. Tenía facilidades, por supuesto, pero mi técnica era “personal”, es decir, extravagante y anárquica. Tuve que desaprenderlo todo, soltar todo, recomenzar todo. “Debo enderezarte”, me decía mi profesora. Tenía razón, al mismo tiempo que coartaba mi instinto. Tenía la impresión de perderlo todo. Ocho años después, ¡puedo al fin agradecerle! Sin ella, pienso que no habría evolucionado nunca. Pero ella era terriblemente exigente, a la rusa. Me obligaba por ejemplo a tocar una fuga con la mano izquierda y de memoria, sin mirar el teclado, o a repetir sobre una tabla de roble, nada más que para evaluar la igualdad del pulso, etc. En la clase de armonía, era lo mismo, tenía la impresión que todo contribuía a mortificarme, a apagar mi imaginación. Terminé por hacer de lado el jazz y la composición; trabajé como un loco, hasta obtener excelentes resultados... y un buen día, en una época en que preparaba la segunda prueba del diploma superior, respiré hondo y le anuncié a la Señora Poumay-Longrée que paraba el piano en el conservatorio. Nos separamos con un terrible quiebre... Pero, todos los días, y aunque nunca se lo he dicho, estoy conciente de lo que le debo.”

LA LECCIÓN DE ANTOINETTE

Jean-Philippe no habría podido tomar una decisión tan arriesgada si no hubiera tenido, mientras tanto, encuentros decisivos, con el jefe de orquesta Patrick Davin, director del conjunto Musiques Nouvelles, con Jean-Paul Dessy (que sería el sucesor de Davin poco después), con Boyan Vodenitcharov, tercer premio del Reina Elisabeth 1983 y establecido en Bélgica, donde se convirtió en profesor. “Con Boyan, descubrí por fin a alguien que me entendía verdaderamente, un pianista fabuloso que tocaba magníficamente Beethoven, Debussy y Piazzolla, que tocaba jazz, que improvisaba.” Fue la época de todos los descubrimientos, de todas las aperturas: a 21 años, Jean-Philippe entra como pianista solista en el conjunto Musiques Nouvelles y en el Conjunto 88, funda un dúo de improvisación contemporánea con Philippe Libois y se lanza en la composición de músicas para espectáculos, películas y teatro. “Al mismo tiempo, se estaba operando en mí un trabajo de fondo, interior, intelectual y espiritual, me constituía un repertorio. Actualmente, me siento listo para asumir lo que soy. El nacimiento de mi hija Antoinette, hace dos meses, tiene mucho que ver con esta manera de ver las cosas. Su llegada me ha hecho entender que amar, es arriesgarse a perder. Todo lo que hacemos con pasión nos hace tomar riesgos.

En todos los frentes

El 18 de marzo próximo, Jean-Philippe Collard-Neven será, por tercer año consecutivo, invitado al festival Ars Musica (¡como pianista!), con obras de Luigi Nono, Claude Vivier y Giacinto Scelsi. Paralelamente, ha formado con el violista francés Vincent Royer un dúo tributario de numerosos compositores, citemos a Fafchamps, Cassol, Deleuze, Globokar, Ferrari, Giraud, Riessler... Ellos son los mismos que se asociaron con el neoyorkino David Shea en conciertos y CDs, y con el Cuarteto Danel y el clarinetista Jean-Michel Charlier, para una grabación dedicada a la música de cámara de Jean-Luc Fafchamps. Collard-Neven escribe regularmente música de escena para el teatro, particularmente para Geneviève Damas, su esposa, Valérie Cordy, Martine Godart, Françoise Spièss... Formó en 2003 un dúo con el contrabajista Jean-Louis Rassinfosse, con un álbum a cuestas, el “Regency’s Nights”. Por último, y como un apreciable reconocimiento de un mundo que no ha evitado, Collard-Neven se ha convertido en profesor de música de cámara e improvisación, en el Conservatorio Real de Música de Mons, Bélgica. Todo esto, antes de los treinta años. “No he conocido ni especialización profesional, ni protección. Mientras otros se presentaban a concursos internacionales, yo escribía músicas de espectáculos infantiles.” En cuanto a saber cuál es el centro de su identidad de músico: “Trato de llegar a la unidad, de agregar o más bien reunir mis diferentes identidades, de levantar las barreras.” (MDM)


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